Amsterdam: Dónde quedó el space cake?

Siempre quise ir a Amsterdam. Ya saben… visitar los canales, ver los tulipanes, visitar la casa de Ana Frank, observar la gente en bicicleta, ver las famosas vitrinas en el barrio rojo, y si, lo admito, también me veía probando un space cake en compañía de mis amigos (porque claro me imaginaba la visita a lado de mis amigos).

Una tarde de este verano, impulsivamente compré los boletos de avión para poder ir. Escogí una compañía low-cost (Easyjet), lo que significa que tenía poca opción para los horarios de vuelos; el resultado de mi decisión poco reflexionada fue poder visitar la ciudad en día y medio. Me encontraba muy emocionada; ya que por fin iba a poder conocer Amsterdam, sólo que no iría con mis amigos, o en pareja con Jem, sino que iríamos con una bebe de 15 meses; lo que me hizo pensar que tal vez no disfrutaría de este viaje como probablemente lo hubiera hecho a los 22 años.

Llegó el día y ahí estábamos los 3, en el centro de la ciudad, listos para comenzar a recorrerla como desde hace tiempo había querido. Empezamos a caminar muy entusiasmados para no parar hasta el anochecer, cuando Maiahuel nos hizo saber que ya había digerido su comida; así que primera de muchas paradas técnicas, cambiarle el pañal escondidos entre los carros (ya saben para cuidar la intimidad de la cría ;)).

Caminamos por las 9 calles (Negen Straatjes), unas callecitas bonitas divididas por los canales, donde vimos los típicos edificios cuadrados y de colores, con muchísimas flores en las ventanas, tiendas de ropa súper lindas, cafecitos con decoración bien cosy, y obviamente gente por todos lados en bicicleta. Los canales están rodeados de muchos árboles, hay botes estacionados y casas flotantes muy originales. En cada puente que hay para atravesar el canal hay macetas con florecitas diferentes y coloridas… y más bicicletas.

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Como el clima estuvo agradable, la gente aprovechaba y se ponía a las orillas de los canales a tomar el sol, comiendo, leyendo, tomando cerveza o simplemente con la cara hacia el cielo con los ojos cerrados. Los mirreyes holandeses hicieron su aparición con sus camisitas, lentes y obvio champagne en sus botes de lujo.

Tuvimos que hacer otra parada porque Maia vio un parque con resbaladillas y columpios; nos quedamos un rato ahí viendo como se divertía, gritaba y corría de emoción, después de convencerla seguimos nuestro recorrido. Yo tenía muchísimas ganas de ir a la casa de Anna Frank, una vez enfrente de la puerta del museo mis ganas desaparecieron, al instante que me dí cuenta que había 3 horas de fila (acompañada de la cría, no gracias)… Ya será para la próxima.

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Como Maiahuel estaba cansada de estar en el carrito decidimos de ir al parque con las famosas letras «I AMSTERDAM», el Rijksmuseum. Ahí nos tomamos la obligada foto, donde obvio una vez que la ves es como encuentra a Wally porque hay como 1000 personas a lado tuyo.

En el parque, Maiahuel corrió descalza muy contenta junto con su papá, observamos gente haciendo ejercicio, gente cantando, familias haciendo picnic, perros corriendo y gente fumando sus cigarritos de marihuana, todos en el mismo parque súper lindo rodeado de grandes museos.

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Al siguiente día decidimos tomar el barquito hop on hop off para lograr visitar lo máximo posible. El tour es bastante agradable, lo recomiendo si no tienen mucho tiempo para visitar la ciudad. Hicimos varias paradas, como al mercado de las flores, a la estación de tren,a Vondelpark, Hard Rock Café (para comprar una gorra para mi papá), esta última parada esta cerca de la experiencia Heineken, y por último fuimos a pasear al Jordaan, un barrio hermoso, colorido, tranquilo, con tiendas padrísimas, lleno de árboles. Ya se imaginan, yo ya estaba investigando cuanto costaba las rentas para irme a vivir ahí… Nunca hay que dejar de soñar no?

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Al principio del relato les compartí que tenía un poco de miedo de no disfrutar de este viaje como lo había imaginado, la verdad es que lo disfruté mucho más. La ciudad me encanto, amé sentir tranquilidad y adoré tanto de ver a mi hija feliz. Me reí y divertí con Jem y claro que nos tomamos nuestras cervecitas como siempre. Al final caminamos muchísimo, descubrimos y hasta nos imaginamos viviendo en ese escenario.

Y si, tal vez no hubo space cake, no hubo visita al museo de Ana Frank y mucho menos vi las famosas vitrinas, pero que importa!!! no me hizo ni tantita falta, y no es que ya sea una señorona, aún me gusta mucho ir de fiesta, reír, bailar y cantar con amigas o sentir mis cachetes calientes cuando estoy happy, pero esta vez hice Amsterdam de otra manera y me fascinó, las buenas caminatas, admirar paisajes, la tranquilidad de la naturaleza, y sobre todo la compañía de mi pequeña familia.

Ah lo olvidaba! en el hotel nuestros vecinos decidieron fumarse un porrito (aunque estuviera prohibido) el olor llegó bien fuerte hasta nuestra habitación, ya saben para que tuviera un poco de lo que pudo ser mi viaje a los 22 😉

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1 Comentario

  1. Noname
    diciembre 28, 2016 / 12:05 am

    «No me hizo ni tantita falta», me gustó mucho! Seguiré leyéndote !!

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